¡Qué suerte tienes!

¡Qué suerte tienes!

Pues sí, tengo suerte, mucha, mucha suerte, la de estar en casa y no trabajar… fuera de ella. Aunque eso no sea del todo cierto, a lo de trabajar fuera de ella me refiero. Y a lo de estar en casa y no trabajar. Y a lo de tener suerte.

Primero de todo, para mí, tener suerte es que te toque la lotería (mucho, pero mucho, mucho, mucho, cuatro euros no sirve ni para un café con las amigas), no tener que dar nada al estado y encima, no tener que repartir el premio con nadie. 

Si te ha tocado la lotería de forma indecentemente bestia, puedes permitirte el lujo de tener a una mujer con menos suerte que tú que te haga la “faena”, (que no trabajo, recordemos que lo que se hace en casa no es “trabajo” a ojos de nadie) y encima pagarla bien, que una viene de hacer exactamente lo mismo cada día de la semana, cada día del mes, cada día del año, y sabe lo que se suda, ¡y sin trabajar, oyes! Entonces tú puedes dedicarte al spa, directamente. Ni hobbis ni pollas en vinagre, relajación y que aquí me las traigan todas. Que pinte Rita la cantora.

¿Por qué tengo esa visión tan distorsionada de la realidad? ¡JA! Porque la realidad no es la que la mayoría piensa que es. Y me voy a explicar y explayar, que una lleva un día estresante donde los haya y eso que… ¡tengo la suerte de estar en casa!

Mi día ha empezado a las 7’30h de la mañana al sonar mi despertador, exactamente 6 horas después de meterme en la cama. Que no es la hora en la que me quedé dormida por primera vez. Esa se remonta a 1 hora antes en el sofá mientras miraba la tele. Todos los días, cuando suena el maldito aparato del demonio, lo miro y me digo: cinco minutos más, elche, que ayer tuve un día “completito”. Y lo medio-paro de esa forma tan engañosa, la que vuelve a sonar a los cinco minutos, justo cuando he vuelto a cerrar los ojos de verdad, y claro, vuelvo a repetir la operación de: cinco minutos más. Hasta que por fin, ya no puedo ir alargando el agónico despertar de cinco en cinco porque se han hecho las ocho y sí o sí, tengo que levantarme.

Entonces empieza mi día suertudo.

Primero hago los bocadillos para el cole, le doy a Calimera* el suyo y le meto prisa porque ya va tarde y ella entra antes, la saco casi literalmente de casa y le doy dos besos, apa, hasta luego. Meto en sus bolsas y en las mochilas los bocadillos de Hombre Tranquilo** y Princesa***, luego preparo el desayuno para los niños y el mío, el cual tomaré deprisa y corriendo porque tengo que ducharme mientras los niños se visten. Mientras, desde la ducha, iré “pasando” la agenda a todos: Princesa, hoy tienes gimnasia, te toca el chándal, Hombre Tranquilo  ayer estudiaste y dejaste el libro en la mesa del comedor, mételo en la mochila, Princesa, saca la bolsa de las bambas del armario, recuerda rellenar el botellín de agua, (salgo de la ducha, la cabeza me la lavo luego que ahora hace frío y vamos tarde), Hombre Tranquilo, ¿has cogido el compás? Lavaos los dientes, Princesa… péinate! Poneros los zapatos… “Mama, hoy es la semana de carnaval, es martes y tenemos que llevar corbata”. Estupendo, ayer por la noche, después de levantarme del sofá medio zombie y antes de meterme en la cama, me acordé de sacarlas del armario. ¡Incluso saqué adhesivos para decorarlas! Hombre Tranquilo empieza su ya acostumbrado ritual cada vez que algo se sale de su ritual: esta corbata me queda larga; esta corbata me queda corta; esta corbata se me tuerce; esta corbata tiene el nudo torcido;  a esta corbata se le caen los adhesivos… y lagrimón al canto. Primer berrinche, suyo y mío. Bronca y se acabó. Y así, salimos escopeteados, enfadados, y tarde, por supuesto. No hay día que pase que no piense que debería levantarme esa media hora antes, la que me paso dándole largas al despertador.

Hoy, excepcionalmente, (aunque cada vez es menos excepcional y sí más habitual) he tenido que ir a casa de mi madre, ya que ella trabaja (tiene una pre-jubilación, que por suerte ya se acaba, y trabaja 45 días al año. Este solo 9, ya que cumple los 65) y la chica que le va cada día para ayudarla con mi hermana (tiene una enfermedad congénita y apenas se mueve de la cama) hoy va a bañarla y yo tendré que hacer lo que hace mi madre: cambiar cama, poner lavadora, tenderla… pero antes, despertar a mi hermana, llevarle el desayuno que ha dejado mi madre preparado, y hacer que se lo coma y no se duerma de nuevo antes de que llegue la chica para que esté lista y no hacerla esperar. Luego, despertaré a mi padre para que desayune, le recogeré la cocina a mi madre, investigaré en la nevera, pondré lo que sea que me invente para comer en el fuego para que se vaya haciendo, le haré la cama, afeitaré a mi padre, (y le pelaré, que ya le toca), le recogeré la ropa seca, la doblaré, si encuentro donde va guardada, la guardaré y si me queda tiempo… le repasaré el baño, que después del afeitado queda todo guarreteau. Y saldré pitando para recoger a los niños a la una, antes, eso sí, pasando por el Mercadona, que tengo que hacer la compra. (Tengo que acordarme de lavarme la cabeza!).

 Menos mal que he llamado a mi madre-auxiliadora, porque no llegaba al cole ni con un cohete en el culo.

También he llamado a mi Señor Esposo, ♥, que esta semana está en Japón y con el cambio horario y toda la pesca, solo puedo hablar con él al medio día.

Entre casa de mis padres y el Mercadona ha sonado un móvil, que no es el mío: excepcionalmente, aunque cada vez menos también, ha llamado un miembro de la junta del AMPA del cole (sí, como tengo tanta suerte de estar en casa aburridísima de la muerte, me he liado en esto del AMPA, y además, de secretaria, para distraerme un poco, más que otra cosa…). Resulta que su hermana se ha encontrado mal y no puede ir a quedarse con su padre que está ingresado en el hospital, así que no va a poder ir a vender chandals al cole por la tarde como estaba previsto porque tiene que salir por patas, que la están esperando. Y yo, que la entiendo perfectamente, le digo que tranquila, que ya me encargo de buscar relevo. Así que, mientras hago la compra y llamo a la madre-auxiliadora, voy pensando en quien podrá quedarse las dos horas de la tarde en el cole vendiendo chandals. Ya me veo. Todo el planing de la tarde a la porra en cinco minutos. (Y tengo que lavarme la cabeza!!!). En fin…

Llego a casa y claro, tengo que ponerme a cocinar porque la comida a distancia, aún no he aprendido a hacerla. No pasaría nada si no tuviera que hacer también las camas, ya que como me he levantado media hora tarde, no me ha dado tiempo a hacerlas. Y claro está, recoger la compra. Y además, está el problema de los chandals, y tengo que hacer llamadas a otros miembros de la junta por si pueden ir en lugar de la otra chica, y lo que es más importante, en lugar mío. (Sí, que tengo que lavarme la cabeza…) Así que me pongo a hacer albóndigas y a llamar a la vez. Por suerte para mi, las albóndigas han quedado bien y he encontrado sustituta. Otra madre suertuda que ha aprovechado mejor la mañana y ya tiene la comida de hoy, la cena y la comida de mañana… ¡¡¡listas!!!! Voy a tener que pedirle que me enseñe.

Después de comer y recoger la cocina, salimos de nuevo escopeteados para el cole. Yo ya voy haciendo mi planing por el camino (incluye lavarme la cabeza), y si Princesa me pregunta cosas que me desconcentran de mi organigrama espacial, me pongo de los nervios y contesto cosas tipo: “Princesa, ¿eso es para ahora? Pues pregúntamelo por la tarde, tarde”. A lo que ella responde: “no te voy a decir nunca más nada, siempre me dices que te diga las cosas más tarde y más tarde tampoco me haces caso!” Y tiene razón, la pobre.

De vuelta en casa, pongo una lavadora y preparo la comida de mañana. Un día a la semana me he reservado una mañana para dedicármela a mí y a mis inquietudes artísticas. Tres horas enteritas para relajarme con la pintura, que falta me hacía, elches! Lo único malo es que el día de antes y de después voy estresadísima a causa de mi relajación de tres horas, que no sé si compensa, pero qué coño… ¡vuelvo a pintar! Me pongo a barrer las pelotas de pelusa tamaño oeste americano. También me lío a quitar el polvo, (madre mía, la cabeza creo que me la lavo después de merendar) que estaban los muebles que podían hacerse bajo-relieves en ellos. Pero no simplemente “quito el polvo”, le paso la crema, los pobres estaban más secos que una serpiente del desierto. Y ya no tengo tiempo de más ná, que salen los niños del cole. Por suerte hoy, no tenemos que ir a música y no tendremos que merendar con un embudo y salir pitando otra vez para coger el autobús. Así podré seguir con la faena de casa (y lavarme la cabeza, al fin) cuando acabe de hacerles la merienda a los niños y de ayudar a Hombre Tranquilo con sus dudas en los deberes.

Hago un kit-kat de un minuto en mi ajetreado día suertudo. Es para disfrutar del sonido del piano de Calimera. Está practicando para la audición de la semana que viene y suena tan bien. Toca “Imagine” de John Lenon.  De vez en cuando se para porque no le sale la nota y duda, y queda la música entrecortada, pero no importa. Solo oírla ya merece la pena el corre-corre de los días de música. Ais…

Volvamos a la realidad.

Tiendo la ropa y me lío con el mocho. Ya que antes quité las pelusas, aprovecho y friego el suelo. Luego preparamos el disfraz de mañana, que toca sombrero, y Princesa saca todos los gorros y similares para probárselos, a ver cual le sienta mejor. Hombre Tranquilo tiene claro cuál va a llevar, el mismo del año pasado, para qué cambiar si ese ya le va bien. Calimera ha cambiado de canción ahora toca una de la Adele, por cuenta propia, para desconectar de la audición supongo, las va alternando siempre. También suena bien. Empiezo a pelearme para que los peques se metan en la ducha, (¡ostras! pero si yo tengo que lavarme la cabeza), que trabajito me cuesta, porque parece que le tengan alergia al agua. Es sentir la palabra “ducha” y replegarse tipo comando de vietcong. Y lo más alucinante de todo es que, ¡¡¡¡luego no hay quien los saque de ella!!!!

Ya es hora de hacer la cena, y como siempre, pregunto si tienen hambre. Más que nada por ver si hay suerte y me libro, pero no cuela nunca, oye. Si por Princesa fuera, cenaría cada noche leche con cereales, pero claro, eso para Hombre Tranquilo es como cenar pipas. Llego a un pacto con Princesa, cenaremos pizza, pero en el suelo y en el comedor. Si, si, en plan indio, tal cual. Es divertido si al otro día no tienes nada que hacer y puedes dedicarte a recoger las migas de debajo del sofá… que no es mi caso: recordad que tengo el día de relajación artística. Así que después de cenar, recojo el campamento siux y vuelvo barrer y fregar el comedor. (Dios mío, y yo sin lavarme la cabeza).

Ahora tocaría irse pa la cama echando leches, pero les gusta un programa de la tele… y que yo lo mire con ellos, como no.  Se acaba el programa y todo son carreras para lavarse los dientes y salpicar el espejo del lavabo, que por cierto, hay que limpiar que ya le toca. Les doy las buenas noches uno por uno, primero al que primero se mete en la cama, así no hay peleas. Y hala, me pongo a limpiar el puñetero baño. Las once de la noche y SIN LAVARME LA CABEZA!!!!! Estoy destrozada y debería ir a la ducha, pero me siento un poco en el ordenador, así leo el correo, el mío y el del AMPA. Y me lio a escribir esto que estáis leyendo, que no voy a acabar porque teeeengo que lavaaaaaarme la cabeeeeeeeeeeeeza!

Son las doce de la noche y estoy, al fin, lavándome la cabeza. Qué bien sienta, jopé.

Así que sí, haciendo un repaso, tengo mucha suerte. Por ejemplo: hoy mi día se convirtió en suertudo cuando escuché a Calimera con el piano. Mañana tal vez sea por la pintura, pasado por una buena nota de Hombre Tranquilo, y al otro por una reconciliación con Princesa: ¡volverá a contarme sus cosas importantes!

 

Laura

*Ya sabéis que a mi hija la mayor la llamé Calimera en otro post, por lo incomprendida que se sentía.

**Hombre Tranquilo es la forma que describió un profesor a mi hijo mediano, y así lo llamaré a partir de ahora.

***Princesa es mi peque, la consentida de papi, la alegría de la casa y la más wevuda de mis tres hijos!

 

 

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Acerca de lauhra

about me??? what????
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7 respuestas a ¡Qué suerte tienes!

  1. Realmente……..solo puedo decirte ¡Que suerte tienes!, un abrazo

  2. lauhra dijo:

    uf! No sé por qué porras se ven tan pequeños los reproductores de vídeo… no deja que se escuche la música! y no se como cambiarlos de tamaño, no me deja, buaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!! 😥

  3. I love you! Gracias por sacar de tu tiempo, el tiempo que pasas aquí. Siempre he pensado que eso de que las mujeres “suertudas por eso de no trabajar” ¡JA!.. Pues eso, yo no creo que pudiese hacerlo, creo que nací cansá… Buenas noches mi Ángel.

  4. Esti dijo:

    Suerte, mucha suerte de saber disfrutar esos pequeños momentos entre tanto ajetreo, aprovechalos a tope.
    Queremos ver los resultados de tus tres horitas de relajación jjjj
    Un saludito.

  5. pilimanili dijo:

    Necesitaba urgentemente una charla de madres-marujas y has hecho que me sienta bien. Te quiero enormemente y me siento superafortunada de haberte conocido. Te lo digo ahora, después de mi dia afortunado de ama de casa y de la media botella de Rioja de la cena, que por cierto, la mesa todavía está puesta y son las once de la noche…..Pero tambien te lo diré mañana, y pasado…y cuando me dé el bajón de “con la edad que tengo y no hago nada”…no hacemos nada que esté valorado. Ese es el punto.
    Un beso

  6. Rosa del Mar dijo:

    joer.. que desorganizada. . si te cuelgas los plumeros de los brazos, mochos en los zapatos y la escoba te la metes por.. bueno, la cuelgas de algun sitio vas haciendo todo segun pasas por la casa y los niños que no coman ni cenen ni ná.. carnavales? eso es una fiesta pagana, no se celebra!
    que mas? duchas? que no se duchen, cuando no puedan jugar con los amigos del pestazo que dan se ducharán solos..
    los del AMPA? una frase para la próxima llamada ” buscate las habichuelas y arregla tu tus follones”
    Por cierto, a quien dice que estais bien en casa sin hacer nada.. un mesecito haciendo vuestras tareas, a ver que dicen al terminar, lo mismo quieren repetir……aunque creo que decidirán volver a sus trabajos estresantes, malpagados e infravalorados
    un besito reina del tiempo

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