195 días con música, Our Mutual Friend

Venga, va, que estoy animada a compartir descubrimientos con vosotros, hoy cuelgo otra canción. Que no son grupos ni cantantes nuevos de ayer, ojo. Pero, por un u otro motivo, a mi se me habían escapado hasta hace relativamente poco. O no. Tal vez tan solo no se me había ocurrido antes el traérmelos aquí.

 

 

Our Mutual Friend, de The Divine Comedy, pertenece al álbum “Absent Friends” del 2004 y es el octavo de este grupo del cual, Neil Hannon es el único componente de la formación original que permanece al frente del mismo, impertérrito a lo que suceda. han ido pasando músicos hasta que al final, él lo asume en solitario, así no se pelea con nadie. Digamos que al hombre le gustaba el nombre del grupo y decidió que él se lo guisaba y se lo comía. En fin, a lo que iba, la canción es una historia de noche loca y traición. Buscar traducción y me contáis. A parte de eso, lo que más me gusta de ella, es la forma de contar/cantar- la. Es un cuento, o un relato. Con un principio y un final. Pero de una forma nada metafórica, ni subliminal, ni rebuscada. Te cuenta los hechos tal cual, y por extraño que parezca, la canción suena bien, nada forzada. La música con una orquesta al completo, es fantástica. Vamos, que te quedas con ganas de una segunda parte, como buena peli que se precie. Y no, en este caso, lo de “segundas partes nunca fueran buenas” no puede aplicarse. Para mí, “A lady of a certain age” (2006, álbum “Victory for the comic muse“) sería como una continuación . Sin tener nada que ver la una con la otra en cuanto a temática, tiene ese aire de historia tipo película inglesa. Por cierto, The Divine Comedy es un grupo de Irlanda del norte. No le voy a poner la “etiqueta” del pop-indie-rock-alternativo-etc-etc. Es buena música, punto, con eso basta.

Ea, hasta mañana… o no.

Lauhra

Te quiero Silvy

 

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194 días con música, Lost On You

Vale, pues empezamos con esta flor salvaje (no puedo llamarla florecilla porque es tan grande, que dicho con diminutivo sería un agravio). 

LP no son las siglas de long play (por dios, qué recuerdos me traen, por cierto; ir a comprar un “elepé” a la tienda de… ¡¡discos!! y no al hipermercado o centro comercial. Ainsss… formamos parte de una generación perdida). LP son las iniciales de Laura Pergolizzi, cantante y compositora estadounidense. Con una voz y estilo peculiar, se la ha comparado a Janis Joplin… Bueno, bueno, ya me perdonaréis, es distinta y no deja indiferente, tal vez por su apariencia andrógina, aunque esa misma imagen no deje lugar a dudas, pero como Janis… no es.

Me he traído una canción de su último trabajo, “Lost on you”, que se te pega a la piel y al oído a pesar de no ser la canción del verano, lo cual, tiene mucho, mucho, mucho mérito. “Lost on you” forma parte del cuarto álbum en 2016 de mismo título, aunque ya fue single en un tercer EP (ahora sí, extended play) en 2015. Dicen, dicen… que habla de rupturas de pareja. Vamos a analizarla. Mmmm, me quedo con esta parte de estrofa:

“Let’s raise a glass or two, To all the things I lost on you

Tell me, are they lost on you?, Just that you could cut me loose”

Y sí, es una ruptura que suena a derrota. Pusieron tantas cosas la una en la otra, y todo se perdió. Si admitimos la pérdida, asumimos la culpa. En fin, yo tampoco iré al cielo, porque no sé cómo. Pero… ¿Y qué? Brindemos por ello.

Hasta mañana… o no.

Esta te hubiera gustado Silvy, te quiero.

Lauhra

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Días con música…

Ya ni sé la de días (meses, quizá un año) que no pongo música por aquí. No significa que no me acompañe de ella, ojo. 

Por suerte, a esta alturas de mi vida, sigo descubriendo grupos, cantantes, músicos, que me maravillan. Eso hace que no pierda mi fe. Aún queda esperanza – me digo – no está todo perdido.

Así que voy a intentar colgar algún “descubrimiento”. Lo más probable es que ya los conozcáis, pero para mí, son florecillas recién nacidas en el vasto campo de la música, y yo las recojo en un bonito pomo para que pasen a formar parte de mi música de mobiliario. 

Hasta mañana… o no.

Laura

T’estim Silvy

 

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Qué rabia da… no estar enamorada.

Que sí, que vale, que el amor es muy bonito, y tralalá lará. Pero joder, ¡hasta el chirri estoy del puto San Valentín de los cojones!

Soy muy mal hablada, pero es que me enciendo, me enciendo y no me controlo. Disculpad mi ordinariez anterior. Seguro que ahora os preguntáis: si se acaba de disculpar, ¿por qué no elimina lo inmediatamente anterior y nadie se entera que ha soltado cuatro tacos? … Qué no. Qué no lo borro. Tampoco os flipéis. Lo que está escrito, escrito está.

¿Por dónde iba? Ah sí, San Valentín. O la obligación del puto corazoncito rojo. Si un alienígena o ser de inteligencia superior, (aunque, cada vez más, pongo en duda que esto último sea cierto, ya que venir repetidamente de visita a este planeta en busca de vete tú a saber qué, denota que muy listos, no son; si aquí no hay evolución que observar, nada que salvar y nada que expoliar: vamos para atrás y ya nos lo hemos cargado todo), bueno, pues si un extraterrestre aterriza en el planeta esta semana, va a pensar que los seres humanos vivimos con el corazón extracorpóreamente. Hay miles y miles y miles de corazoncitos rojos por todas partes… Empapelando escaparates; encima de tartas rojas CON FORMA DE CORAZÓN (no se puede ser más redundante); en tarjetas y postales; en las redes: todos compartiendo su amor públicamente, ¡puag!; en la tele: en forma de anuncios, películas, programas chorras, etc… Es agotador. Lo siento. Qué empalagosos sois. Perdonarme que os lo diga. Que os améis está muy bien, pero yo no necesito saberlo. Y no, tampoco quiero saberlo. Por lo menos no con esa profusión de imágenes purpurinosas y llenas de corazones y lazos y besos y te quiero y te amo y te adoro y cariño eres mi vida y mi luz…

Y mi muerte y mi oscuridad. Cansinos. Que sois unos cansinos.

De verdad, ¿no os dais cuenta de la cantidad de gente que no ama? A ver, no me refiero a amar la vida o al prójimo, sino a ese amor de “pareja perfecta” del que se hace gala estos días. Les arruináis la vida. En serio. Me la arruináis a mí, que de normal soy muy alegre… con eso os lo digo todo.

Soy humana, y me contradigo en mis convicciones, lo sé. Hace dos días estaba como loca porque llegara Navidad. Pero tenía mis razones, las cuales expuse en otro “post”, ninguna de ellas comercial ni consumista.

El AMOR, con mayúsculas, se demuestra de otra forma. Es más, no necesita de un acto “expreso” de demostración. Es muy bonito que te regalen flores por San Valentín, por supuesto, pero también lo es que te las regalen el 8 de marzo. Que qué santo es, ni puta idea. Pero no me digáis que no es bonito. También es muy chulo que te inviten a cenar o incluso que te preparen una cena romántica en casa, pero da igual el día. O, en todo caso, que no sea sólo ese día. Y si después friegan los platos, ¡ya ni te cuento lo bonito que es!

Estáis pensando todos: ésta está de bajón, o, cómo no tiene pareja, está amargá. Un poco amargada sí que estoy, pero por otros temas, que hay todo un abanico de cuestiones por las cuales amargarse. De veras. San Valentín me la traería al pairo, si no fuera por el tostón que dais.

Y es que, TODO es tan falso, tan comercial. Ya sé que casi todas las fiestas lo son, la sociedad actual se ha encargado de vulgarizar y prostituir lo auténtico, pero esta celebración es la que más. De hecho, creo que toda ella es artificial. Si buscas en la wiki (madre mía, que sería del mundo sin la wiki), en la antigua Roma, en febrero se celebraba la fiesta de la fertilidad, donde las mujeres eran flageladas con látigos bañados en sangre de cabras y perros… Ojiplática me’quedau. No le veo relación a lo de los látigos y la fertilidad, la verdad. De ahí que, bendito sea, el papa Gelasio (bonito nombre, no entiendo como ningún otro papa lo ha adoptado nunca más…), decidiera prohibirla e instaurar San Valentín ese mismo día. Aunque me temo que dicho pontífice decidió eliminarla por lo de la fertilidad, llamadme mal pensada si queréis. En fin, que cualquier parecido es meramente circunstancial.

Que queréis que os diga, yo me quedo con mi dragón y mi libro. Me gustan mucho las rosas, pero enredadas en el jardín. Si hay que hacer un regalo, que sea cultura. Porque la profusión de regalos chorras para el día de los enamorados es bestial. Y ojo, que yo creo en el amor. No os confundáis. Soy una romántica empedernida. Pero para mis adentros. Y es que yo creo que, desde que tenemos a nuestro alcance tanta tecnología, lo exteriorizamos todo de forma equivocada. Lo soltamos en cualquier plataforma y ¡hala! a lo bestia, para que llegue; luego nos pensamos que si lo hacemos en “la vida en directo”, va a hacer la misma gracia. Y no, señoras/es, gracia tiene la justa.

Apa, ya me he liberado de esa sombra que se cernía sobre mí con forma de corazón gigante. Uy. Lo de la sombra y la liberación… ese tema también da para escribir mucho, pero me lo voy a guardar para otro día, que luego se mezcla todo y puede ser perjudicial para el intelecto.

 

Eá, va, voy a ser medio buena: olvidar lo dicho y que paséis un bonito tocahuevosanvalentín.

 

Lauhra.

Pd. Te quiero Silvi, y estoy segura que a ti esto también te la traería al pairo. 

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Otra vez es Navidad

Madre mía la de meses que hace que no pongo música en el blog, que no en mi vida, ya que por suerte o por desgracia para los que me rodean, la música me acompaña siempre. Estoy vaga, lo reconozco.

Pero no venía yo hoy aquí a hablar de esto. Y es que ya estamos de nuevo en diciembre, quedan pocos días para las fiestas navideñas y familiares por excelencia y por interés comercial, con su machaque propagandístico y tal. La verdad es que yo paso bastante del tema anuncios, (aunque me hace gracia contar cuantos de perfume seguidos dan entre trocito y trocito de película, se pueden hacer hasta porras, a veces con mis hijos intentamos adivinar qué perfume viene después, o cual juguete, porque según a qué hora miras la tele, dan unos u otros) pero la verdad, es que agradezco enormemente que la Navidad me devuelva el anuncio de “Light blue” de Dolce & Gabbana… con su barca blanca en ese mar azul tan azul, ese hombre moreno de ojos azules tan azules y cuerpo esculpido, que se zambulle en el agua azul tan azul y emerge al lado de la barca donde, mientras suena “Parlami d’amore Mariù”, a la chica, le espera un beso azul tan azul al que apretar el culo… qué bonito. El anuncio, kicir.

En fin, que me disperso.

La razón de mi disertación no es otra que la de proclamar a los cuatro vientos que, este año, me gusta la idea de que llegue la Navidad. Sí, este año. Los inmediatamente anteriores fueron un asco: unos por expectativas demasiado elevadas que acabaron en fiasco, otros por la vida misma que se encargó de hacérmela triste y lúgubre. Y los venideros… ¡vete tú a saber de qué humor me encontrarán!

Así que someto a mis familiares y amistades a imágenes con marcado look navideño, uséase (bonita palabra que utilizamos poco): paisajes nevados, renos y lazos rojos, abetos cargados de las más diversas formas sobre medios de transportes variados, galletas de jengibre con decoraciones navideñas, centros de mesa llenos de velas y bolas purpurinosas, calcetines y chimeneas, coronas de cosas imposibles colgadas de puertas idílicas, regalos apilados junto a ventanales hacia los paisajes del invierno que antes os decía… Esas cosillas. Y como estoy convencida en que este año sí, me va a gustar que sea Navidad, estoy preparada y decidida a pasarlo bien. No os vayáis a pensar que tengo mi casa como una casita de caramelo abarrotada de lucecitas, campanitas y chorraditas navideñas; que espere las fiestas con ilusión esperanzada no significa que me haya convertido en una hortera poseída, ni que, rompiendo mi tradición del “todo a última hora sale de puta madre”, me pusiera a decorar en septiembre. Es curioso, porque ya que tengo ganas de Navidad, cabría esperar que tuviera escritas y enviadas mis postales, pero no es así. Yo me hice mi propósito, (como cada año, a pesar de tener navidades de mierda) de hacer mi lista de postales y regalos en octubre, pero la realidad es que mi naturaleza de “ya lo haré” se impuso sobre mí, como es habitual. Otra cosa, hubiera sido ir contra-natura en mi caso. Mi idea de cómo van a ser mis postales la tengo, ¿eh? Desde septiembre creo: tuve una idea luminosa mientras… No, no, no digo más ¡qué me descubro! La cara de flipe cuando las recibáis ya me la transmitiréis, jiiji… Y en mi cabeza, llevo fraguando y encajando durante meses, las múltiples y posibles combinaciones de regalos que harían ilusión a cada uno de mis elegidos para recibir uno.

Luego está el tema comidas. Las que yo cocino en mi casa y las que me limito a engullir en casa de los demás. Antes me mataba preparando canapés de foie con cebollita caramelizada y compota de manzana, volovanes de confit de pato a la trufa, gambas encebolladas a la guindilla dulce… y mis hijos me los tiraban a la cabeza; porque, en definitiva, a ellos lo que realmente les gusta de las navidades culinarias, son los canelones de la yaya. Punto. Así que simplifico mucho: si puedo acoplarme en alguna casa, lo hago. Sin ningún tipo de pudor ni vergüenza. Total, seguro que van a haber canelones en todas ellas. También puedo llevarme los que sobren en un tupper, y así me aseguro del menú en casa. Sólo existe un peligro a todo eso, acumular un par de kilos más en la línea de flotación.

Y llegamos al apartado de vestuario: este año voy a reciclar. No tengo pasta. Vale, os cuento lo que hice el otro día pensando en eso precisamente, lo de la línea de flotación y la pasta: probarme el vestido tan y tan estupendo que me compré el año pasado para fin de año. Menos mal que no gasté una burrada en él. Confieso que me sorprendió que me cupiera. Logré subir la cremallera aguantando sin respirar durante el proceso. Hasta arriba. Un par de minutos en apnea respiratoria, todo un récord. Creo que, si esa noche me limito a comer las uvas, (peladas y sin hueso, que todo abulta) podré salir a la calle con él puesto sin riesgo de reventar la cremallera. Luego, es cuestión de limitarse a beber una copa y mearla en el baño antes de la siguiente, y así sucesivamente. Lo cual me devuelve al anuncio… ¿Os imagináis que llega el tipo del Light Blue? Puedo tener una noche exitosa de fin de año y todo. Sería la ostia para rematar un año y empezar otro.

En fin, ya sabíais de antemano que tengo mucha imaginación…

 

Lauhra

 

Silvy, sé que a ti te resbalaba la Navidad, pero deja que este año te mande un poquito de mi espíritu navideño. T’estimo Silvy. 

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193/365 días con música, “Day Too Soon”

 

Estuve escondida pero ya da igual.

Corría y corría, con mi corazón de la mano.

Muy lejos, hacia ningún lugar.

Dejé de hacerlo, me dejé alcanzar.

 Te toca a ti sujetarme.

Demasiado pronto para un nosotros.

Cuando me encuentres lo sabrás.

¿No te dejaré, no me dejarás?

Prometo llevarte conmigo si me voy.

Otro día, otro más.

¿Más?

 

absolutely me 

 

Me encanta Sia, ¿la había puesto ya? No lo recuerdo. Antes (cuando las entradas no se distanciaban tanto las unas de las otras…) tenía un control absoluto sobre la música que ya había sonado en el blog, pero ahora… Bueno, si la había compartido con vosotros, no importa, es tan buena que puede tener día doble. Vamos con la historia de la canción…

Day too soon“, que traducido no sé si vendría a decir ¿un día no muy lejano? ¿un día muy pronto? Eso, que pronto. Pronto se va a dejar cazar, porque sí, porque le da gana. Sia es así. Más maja ella. Y australiana. Pertenece al álbum “Some People Have Real Problems” del 2008.  Aunque no esta canción, que fue uno de los sencillos de dicho álbum, el primero, saliendo en el 2007 precisamente por eso. Y, casi como todo el álbum, la escribieron Sia y Sam Dixon.   

Y por qué me gustará tanto Sia… supongo que porque es como las cantantes de antes. Y eso se nota. En como canta, su voz huye de la producción en cadena. No sé como explicarlo.

pd; ¿Sabéis que Sia es la personificación de la intuición, en egipcio? 

pd2; Os he puesto este vídeo en directo de la canción porque es el que más me gusta ella. Al natural.

Hasta mañana… va a ser que no. Tampoco.

Lauhra

Te quiero Silvy… este post te hubiera gustado. Lo sé.

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192/365 días con música, “Lilies of the valley”

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Desechando el frío que me invade,

gano tépalos, un poco a cada intento.

Azotada por los vientos del invierno,

pero fuertemente asida a la tierra protectora,

rasgo el manto blanco que me cubre

y me asombro con el azul brillante.

Envidiada por las otras más altivas,

me preparo para las caricias,

pues yo soy la preferida.

La más pequeña,

la más frágil,

la más fragante.

Soy… el lirio de los valles.

Completamente mío, absolutamente yo

“Lilies of the valley”, de Jun Miyake. Puro Jazz nipón. Ya estaba tardando en volver al jazz… creo que es mi música de fondo. Si en la vida real tuviéramos banda sonora, el jazz sería la mía. Vuelve a mí de forma recurrente, y ni siquiera sé cuando llegó por primera vez. Pero no se va, ni se irá nunca. Con lo cual, debo confesar que, es mi verdadero amor, el de “para toda la vida”. Y ya se sabe que una Aries… es fiel hasta la muerte.

Y dicho esto, os cuento: Jun Miyake empezó siendo trompetista de jazz. Luego pasó a ser compositor, productor, etc, etc. Toca a demás otros instrumentos, piano, Flugelhorn (ni idea de qué porras es, voy a buscarlo; vale, es un fliscorno de toda la vida!), melódica… vamos, metales y cuerda. “Lilies of the valley” forma parte de la banda sonora de la película documental “Pina”, de Wim Wenders, sobre una coreógrafa alemana, Pina Bausch, la cual murió inesperadamente mientras se rodaba. También compone música para anuncios, películas, anime… en fin, todo un prodigio el hombre!!! ¿Por qué he elegido esta y no otra de sus piezas? Porque sí. Me gusta mucho el ritmo, esa mezcla de jazz y… no sé, parecen ritmos de Bossa, tan moderno, tan distinto, sofisticado, me encanta. Y porque al ver el vídeo he flipado en colorines. Qué pasada. La coreografía es alucinante. Jopé, y que vaya casualidad que formara parte de una película sobre una coreógrafa, ahora que mi “Princesa” hace danza contemporánea!

Apa, espero que os guste la música y la danza. Disfrutarlo.

Hasta mañana… seguro que no.

Lauhra

Te quiero Silvy.

 

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