211/365 días con música: Waiting, A different kind of love.

Waiting – Anthony Lazaro

Llevo unos días poco comunicativa. Debo estar de bajón escrituril, o que mi inspiración está de vacaciones en el caribe mientras el resto de mi ser permanece en lo que llaman,  ostentosamente, “vida normal”.

El caso es que, aprovechando que en mi móvil no cabe ni una actualización más y me veo forzada a instalarla mediante el pc, cosa que va a llevar sus horas por lo que veo, me vengo a contaros que no tengo nada que contaros.

Menos mal que va a llover en nada.

Va, ya que estoy… El otro día fui a una tienda de bricolaje y me compré un tablero, unas patas y unos listones y me pasé el domingo cortando, lijando, agujereando y enroscando tornillos. Ahora tengo una mesa alta, para poner donde se tercie. Me acordé mucho de ti, papa. Hubieras estado orgulloso de mí, aunque seguro que también me habrías corregido alguna cosa. 

A ver si empieza ya.

No he visto ninguna película lo suficientemente interesante como para recomendarla. Pero sí que he visto una para lo contrario. En otro momento os cuento. En cuanto a series tampoco os las comparto, las que me gustan son coreanas y ya adivino que no os gustarán, a pesar de haber alguna buenísima; nada que ver con la del calamar, que ya os digo ahora que no he visto ni creo que vea.

De hecho, huele a lluvia.

El último libro que he leído (entero) es “Por favor, cuida de mamá”, de Kyung – Sook Shin. El hecho de que sea una autora coreana es totalmente casual. El anterior a ese, fue el primero de la saga “Dune”, el cual también leí entero. Si os estáis preguntando por qué especifico lo de entero, os lo aclaro en un plis: tengo como unos cinco libros a medias, unos empezados con perspectivas de acabarlos y otros que me da igual si los acabo o no. Hoy me he puesto con el último de Joël Dicker, “El caso Alaska Sanders”, recién sacado del horno como quien dice y, de momento, me está gustando. Confieso que con el primer libro de este autor, la lectura se me hacía “rara”. Tiene un estilo muy peculiar, con saltos de tiempo dentro de los saltos de tiempo. Es una narración un tanto “caótica”, pero una vez te acostumbras, te engancha. Otro que tengo a medias es “La hija de Robert Poste”. No sé qué deciros de este libro, no está mal, pero hay muchas ironías que se me escapan. Es una autora británica y creo que lleva muchos dobles sentidos en su escritura, cosa que con la traducción se pierde. Total, que lo leo a trozos entre libro y libro, porque me gusta, pero no me absorbe. 

Parece que a la primera gota le va a costar caer.

Descubrí un músico un par de meses atrás. No pongo nuevo porque no lo es. Su música es de aquella que puedes escuchar de fondo y relajarte. De hecho, lo tengo puesto mientras escribo. Satie diría de él que hace “música de mobiliario”. Os lo traigo y ya me contaréis qué os parece.

Con lo gris que está el cielo, y se contiene.

Vaya, se ha ido la conexión a internet, es lo que tienen las tormentas… ¿pero qué digo? ¡Si AÚN no ha caído ni una gota! Lo único que se cayó fue la red. Total, que he tenido que empezar de cero la descarga de la actualización, otra vez. Debe ser que todo anda conectado y estoy en un impás, ya que incluso la música se presta a eso. Parece que mi actualización también está perdida en ese limbo de los minutos o las horas, toda la tarde dando vueltas en azul y gris, gris y azul. 

Por fín la lluvia dibuja círculos en el suelo de mi terraza.

No tenía pensado incluir este post dentro de mis 365 días con música, pero ya que traigo algo nuevo… pues eso. Anthony Lazaro es un cantautor italiano que vive en Hamburgo y canta en inglés. En plan rebeldía —sus padres son profesores de piano—, se mantuvo alejado de la música hasta los 20 años, cuando agarró una guitarra y compuso su primera canción. La colgó en Apple Music y una marca de helados coreana (sí, coreana) la utilizó en un anuncio. Resulta que ahora sus canciones forman parte de listas de música acústica, bandas sonoras y anuncios varios. 

Se ha pasado la tarde y el tiempo se ha llevado con él las gotas.

Demasiada contención.

Hasta mañana, o no. Te quiero Silvy

Lauhra

Adifferent kind of love – Anthony Lazaro

PS. Sigue sin descargar la actualización. Voy a empezar a pensar que mi móvil no la quiere.

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210/365 días con música:The day we caught the train o crónicas desde el planeta Orión, 5ª parte

The day we caught the train – Ocean Colour Scene

I never saw it as the start, It’s more a change of heart

Charlie Brown, Orión, mayo de 2039

Llevo tanto tiempo varado en CI23 que ya ni sé en qué año vivo. Le he preguntado a mi compañero de viaje y él ha sido quién me ha sacado de la duda. Sí, ahora no viajo solo. 

Es una larga historia y empiezo a notar la edad. Me voy acercando a los cincuenta y, si echo la vista atrás, tengo tantas cosas que contar que me falta papel. Ais, el papel, ese soporte tan escaso. Mi cuaderno de bitácora comparte espacio con Leopold Bloom entre las páginas del libro que rescaté en la biblioteca de Tudgar. Pero vamos por partes, os voy a contar cómo he llegado a estar perdido en este vasto país y cómo me encontró mi acompañante.

Después de atravesar varios países, incluido UR 52, llegué a la frontera de CI 23. No había pasado tanto frío en mi vida y eso que el calentamiento global va en aumento, a pesar del meteorito, las pandemias, las guerras, etc, etc. Recuerdo que cuando andaba atravesando la Sinderia a pie, pillé un gripazo guapo, guapo. Lo pasé fatal, nadie quería darme cobijo en su yaranga ya que temían que fuera portador del puto virus. ¡¿Pero quién se acuerda ya del covid 19, si han pasado casi veinte años?! Pues ellos, los sinderianos. Un alma caritativa me arrojó un par de pieles de reno, invitándome a alejarme de allí con airados aspavientos a la vez que mascullaba por lo bajinis, seguro que maldijo a toda mi familia en su lengua. Después, un chavalín muy jovial de sonrisa mellada se me acercó y me dejó un gorrito de lana multicolor para que cubriera mis orejas. Imagino que las debía tener de color pimiento morrón y, o bien sintió lástima o le hice gracia, una de dos. El gorrito me quedaba pequeño, evidentemente, pero por lo menos me cubría la coronilla. 

Rapping on the windows, whistling down the chimney pot

Os preguntaréis por qué porras iba a pie. Pues muy sencillo, se me acabaron los trenes al cabo de un par de años de viaje. Llegué emocionado un martes de abril de 2037 a la estación de Poscú, desde Fiep, dispuesto a meterme en el metro, caminar ensimismado mirando al techo o a cualquier parte  y enlazar con la de Yarosky para subir al transinderiano… pero no. Resulta que acababa de realizar el último trayecto de tren de todo Orión. Desde ese día no circularon más trenes en todo el planeta. También es mala suerte, coño. 

Me subí a un autobús que iba hasta la bola, pero qué remedio, para ir hacia el noreste, muy al noreste, mucho más al noreste de donde me encontraba. Quería llegar donde el este se junta con el oeste, porque en el último informe meteorológico que escuché (ya ni me acuerdo cuando), deduje que el líder de UR 52  se encontraba refugiado en la península de Kamkatcha, y yo tenía un par de cosas por las que pedir cuentas. Conseguí desplazarme más o menos vehiculado hasta que me topé con los Umares. Cambié al transporte animal, muy a mi pesar, y una vez al otro lado, el guía que me había costado tanto encontrar, se largó a visitar a la familia y me dejó tirado y sin burro. En fin, que me dije: a tomar por culo, me voy andando. Más que nada porque el frío arreciaba de lo lindo. 

Blowing off the dust in the room where I forgot, I laid my plans in solid rock.

Estaba muy desanimado. 

Y entonces me encontró. 

En pleno desierto helado, con una ventolera que ríete tú del cierzo, con el gripazo que os expliqué antes, dando tumbos borracho de fiebre, apareció mi fiel amigo. Es cierto que no tuvimos un comienzo muy normal, pero ¿qué es normal a estas alturas? Noté un calorcillo húmedo en mi pierna y al mirar hacia abajo, allí estaba él. No he visto bicho más feo en mi vida, pero tiene unos ojillos que derrochan amor cuando me mira. Pensé que se cansaría de seguirme, sobre todo porque yo no tenía ni puñetera idea de hacia dónde debía ir y disponía de poca comida. Pero pasaron los días y no se apartaba más de dos pasos de mí hasta que, al fin, le puse nombre. No os sorprendáis ni penséis que soy un sacrílego, todo tiene explicación. Era un perro blanco con orejas negras, no muy grande, pero tampoco pequeño. No podía llamarlo de otra forma. Así pues, le puse nombre de dios. 

You and I should ride the coast, And wind up in our favorite coats just miles away.

He acabado abandonando mi propósito de llegar al meollo del problema. Me da igual los motivos por los que UR 52 invadió UK 54. Tampoco me importa saber si los líderes del este son extraoriones o son autóctonos inoculados y abducidos. Es que ni me importan los extraoriones. Sé que están aquí, al acecho, pero me parecen unos pusilánimes y creo que son aún menos inteligentes que nosotros. Así que todo este peregrinaje solo me ha servido para el crecimiento personal y para aborrecer aún más a la especie humana. Sobre todo desde que me tienen en la frontera de CI 23 parado. Es decir, conseguí cruzar y avanzar por Panchuria, pero unos desalmados uniformados me pusieron un termómetro bajo el sobaco y como aún tenía alguna décima, me han encerrado en una casucha y no hay forma de escapar de aquí. Por lo menos, tengo a Snoopy conmigo. Durante estos dos años hemos leído tantas veces el Ulysses de Joyce que tenemos debates acalorados entre los dos, buscándole el significado, aunque no llegamos a un acuerdo. Para mí es cada vez más un galimatías que, lo más seguro, fue escrito bajo los efectos de alguna droga volátil. Para mi amigo es una versión de verano azul.

He sipped another rum and coke, And told a dirty joke

Cuando mis carceleros tengan a bien dejarme ir, voy a volver a casa. Añoro mis cuatro paredes y el calor abrasador, y creo que a Snoopy le van a gustar los plataneros de mi pueblo, que dan mucha sombra y el tronco es muy gordo y se puede mear muy bien ahí. 

Por cierto, la canción (la que suena siempre en el aire, porque eso aún pasa) vuelve a ser de un grupo british noventero. Por lo menos ya no necesito el perejil en las orejas, menos mal, porque por aquí de perejil al uso no tienen y debería ponerme algas. Vaya pintas tendría. 

We’re only getting back, And you know I feel no sorrow

(We’ve got the whole wide world) Oh-oh la-la

Bueno, no sé cuando volveré a tener más papel para escribir. En cuanto consiga un cuaderno u otro libro, seguiré informando.

Hasta mañana… o no. Te quiero Silvy.

Lauhra

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209/365 días con música: BTS

BTS; Fire

Bien, hoy me traigo un grupo coreano. Sí, que hace mucho que no acaricio mi obsesión en el blog. Además, llevo tiempo queriendo hablar de BTS por aquí. Y es música del siglo 21 ¿no? Que no se diga que vivo en el pasado, jeje…

Confieso que no soy fan de estos chicos. A pesar de ser la banda coreana más conocida internacionalmente y que ha abierto las orejas de los escuchantes mundiales hacia la música de su país, no son de mi estilo. Ellos son K-pop puro — aunque ahora un poco menos, según sus fans más acérrimas —, y yo soy más de rock e indie, tipo Guckkasten, Nell o Drug Restaurant. De estos últimos prometo post, que me tienen enganchada, sobre todo la voz del cantante.

Ponerme a disertar sobre los motivos por los cuales BTS ha sido un auténtico bombazo en el ámbito musical internacional, requiere demasiado esfuerzo de investigación y no tengo yo tanto tiempo. Así que simplemente dejo mi humilde opinión al respecto. Que no se me ofenda ninguna ARMY. ←Este término he tenido que buscarlo para saber el significado, porque lo leía a menudo y, aunque sabía que hacía referencia a las fans, desconocía porqué se utilizaba ARMY y no fan, como toda la vida de dios. Adorable Representative M.C. for Youth. Eso significan las siglas y fueron utilizadas por su club de fans hace siete años hacia el grupo, luego ellos se refirieron a ellas con las siglas, así que puede decirse que estos chicos incluso tienen palabra propia para sus fans. M.C. hace referencia al rap, y es que en la boy band (que no dejan de ser eso, como los Backstreet Boys o los One Direction) cantan pop, hip-hop, R&B, pero también mucho rap. De hecho, al principio era lo que más. 

Según mi hija Calimera, que es fan de Black Pink —, grupo análogo pero femenino —son “un producto” pensado desde la cuna para triunfar. Algo de razón lleva, aunque — y ahora que no me lee —, las chicas de la girl band son exactamente lo mismo. Imagino que algo habréis oído o visto de BTS en las noticias, pero si nunca habéis visto un vídeo de ellos, no os preocupéis que ahora os los pongo. Cuando lo veáis entenderéis lo del “producto”. Y que conste que eso no les quita mérito. Estos siete chicos de edades diversas desprenden buen rollo por todos los poros de su piel. Igual fuera de cámara se llevan a matar, pero me da a mí que no es el caso. Tened en cuenta que conviven desde que nacieron como banda, así que son familia. Es el funcionamiento de las compañías discográficas que están detrás de este tipo de grupos.

Verlos a todos juntos es un placer visual, tan conjuntados y perfectos. No desafinan, no se equivocan, no pierden el paso, ni el ritmo, ni el aliento… Por dios, solo de verlos ya me agoto. Ensayan horas y horas y horas. No me extraña que no tengan ni un gramo de grasa. Una coreografía de BTS es peor que una clase de zumba, crossfit, body combat y danza del vientre, todo junto. ¿Cómo lo harán para moverse de esa forma y que no se les suelte ni una costura? Que esa es otra, van tan bien vestidos… vale, vale, visten raro, pero en conjunto les queda bien. Ahí ya intuimos que detrás de ellos hay toda una maquinaria de engranajes muy bien ajustados, o lo que es igual: un montón de cabezas pensantes, muy pensantes. Todo está calculado milimétricamente para el triunfo. Cuando uno monta un negocio es para obtener beneficios, obviamente. La empresa por detrás de BTS, Big Hit Entertainment, hizo una inversión y han ido “adaptando” el producto al mercado. Quitaron de allí, añadieron acá, limaron de un lado, pegaron en otro y… ¡Voilà! ¿Son malos por eso? ¿Son buenos por lo mismo? Supongo que una anti-fan —sí, eso también existe —, contestaría a lo primero con un sí; y una ARMY diría que ¡NO! en absoluto, a lo segundo. Digo yo que algo de talento musical deben tener los chicos. De hecho, ellos componen y producen sus canciones. Por otro lado, desde el principio emplearon los medios que cualquier otro joven utilizaría para acercarse a la gente: canal de youtube con covers y blog donde subían ¡clases de baile! Tal vez sea por eso que gustan tanto a los jóvenes. El caso es que ahí están, en la cima. Desde el 2010 que se preparan para ello y ahora están recogiendo sus frutos. Nada que reprochar, ojo. Sía tiene colaboración con ellos. Coldplay y Ed Sheran se han unido también al club de fans. Algo tendrán.

Y vuelvo otra vez con las ARMY. Por cierto, hay que ir con cuidado con ellas porque en un momento dado pueden convertirse en “haters”, así que todo, absolutamente todo lo que escribo, es desde el cariño, creedme. Y es que el fenómeno ARMY es como en los sesenta, cuando los Beatles lo petaban en plazas de toros y las jovencitas, con minifaldas estampadas y flequillos abigarrados, se apretujaban para recibir a grito pelao a sus ídolos británicos en cualquier aeropuerto. El caso es que hay fanáticas en Corea que no ven demasiado bien que BTS lance novedad tras novedad en inglés y les parece que el grupo se ha vendido al mercado americano. A ver, si nos ponemos en su lugar (de las fans), razón no les falta, el éxito les llegó cantando en coreano, así que se entiende que no guste lo de que abandonen ahora su idioma. Una canción vale, pero no más, por favor. A pesar de eso, las súper fans mundiales de estos chicos están encantadas de la vida. Ser joven es lo que tiene. Y es que irte de concierto y que te salgan siete bollicaos llenitos de músculo apretau brincando por el escenario pues… para ir con babero y aquí se defiende lo que haga falta, oiga. ¡Faltaría más! Que canten en el idioma que quieran, como si es… coño, iba a buscar una lengua difícil pero ¡el coreano ya lo es!

En fin, que para no querer montar una tesis, me ha salido un post larguísimo. Lo de resumir no va conmigo, está visto. Aún así, me queda algo por contaros, y es el nombre de la banda. BTS también son unas siglas, significan Boy Scouts a prueba de balas. De verdad de la buena, lo juro por Snoopy, que es mi dios, como todos ya sabréis. Según un miembro de la banda,  por el deseo del grupo de «dejar de lado los estereotipos, críticas, y expectativas dirigidas como balas hacia los jóvenes». En la Wikipedia lo dice. 

Ahora sí que sí, esto se ha acabado.

Ah no, que os voy a revelar cuál de ellos es mi preferido, que después de unas cuantas horas escuchándolos, ya tengo criterio para eso. V, vocalmente hablando, claro. Físicamente Jungkook, que tiene unas piernas que tela. Esto me recuerda a cuando era yo la que babeaba cada vez que salía en pantalla Axel Rose con falda escocesa o malla de lycra corta. Y es que en el fondo me gustan las piernas de los tíos más que las tabletas de chocolate. Qué le voy a hacer… Os dejo vídeo de V de propina.

V – Intro: Singularity

Hasta mañana, o no. Te quiero Silvy, seguro que a ti BTS te hubieran gustado.

Lauhra

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208/365 días con música: Fue tan poco tu cariño o crónicas desde el planeta Orión, 4ª parte

Fue tan poco tu cariño- Rocío Dúrcal

«Tú querías que te dejara de querer… y lo has conseguido.»

Charlie Brown, Orión, abril de 2035

Finalmente decidí ir al origen del problema y abandoné mi casa. Así que viajo en tren hacia el noreste, atravesando centro EU 3. 

Ayer noche me apeé en la estación de Tudgar, después de dos días hacinado junto a un montón de gente cargada con cestas de coles y sacos de patatas. Es increíble que, a pesar de ver las poblaciones casi desiertas en el camino, dentro del convoy vaya tanta peña. Lo de la mascarilla a estas alturas está ya más que olvidado, obvio. El virus pandémico no le importa un pito a nadie. 

Al salir del edificio lleno de agujeros de la estación, no sabía en qué dirección encaminarme y tampoco tenía a quién preguntar. Primero porque no había un alma a esas horas y segundo porque, de haberla habido, tampoco hubiera podido comunicarme con nadie al desconocer la lengua autóctona. En la resistencia aprendí el Ing y más tarde el Ukr de mi chica en el campo de refugiados. Pero el Grm se me hace muy complicado desde siempre, así que nunca le puse ganas, cosa de la cual me arrepiento y mucho. Deambulé sin norte hasta que mis pasos me llevaron a un edificio cuadrado realmente imponente. Imagino que era blanco, pero después de los bombazos de UR 52 y la caída del meteorito, ha quedado un poco deslucido. De hecho, me sorprende que se mantenga en pie dado la multitud de catástrofes acontecidas a su alrededor. Decidí pasar la noche ahí. 

«Después de pasarme las noches enteras llorando por ti.»

Cuando salí de casa con el propósito de cambiar el rumbo del planeta por el bien de todos —, también por aburrimiento, lo confieso —, nunca imaginé que vería lo que vi por el camino. Ni lo que me encontré al cruzar la puerta de lo que, deduje, venía siendo una bonita biblioteca. En ese momento aún maldije más mi poca predisposición para aprender el Grm; me hubiera venido de coña poder distraerme un rato leyendo antes de dormir, ahora que los dispositivos móviles no son más que objetos obsoletos, que funcionarían bien como bonito pisapapeles, si aún existiera una profesión que los necesitara. Bueno, tampoco es que hubiera podido encontrar ningún libro en su sitio, porque no os imagináis cómo estaba el suelo. Qué pena caminar sobre Mann o Kästner sin saberlo siquiera. La biblioteca tiene un porrón de pisos pero después de subir dos me dije que no quería seguir viendo tal desastre. Me preparé una cama provisional acercando un par de sillones a uno de los múltiples  estantes. Incluso encontré un libro de Proust bastante grueso que me vino de perlas como almohada. 

«Qué ingrato, que después de haberte dado lo más bello de mi vida, hoy ya no quieras saber más de mí.»

Me he despertado bañado en sudor. Tumbado boca arriba y en silencio, mirando el alto techo por la abertura central, han venido a mí las imágenes de las casas pasando lentas a través de la ventanilla del tren. Y es que en estos días que llevo viajando, algo ha llamado mucho mi atención: todas las ventanas parecían cubiertas por dentro, como rellenas. Así que he cambiado mi objetivo: quiero descubrir con qué. Dejo atrás con pena mi refugio de papel, y me encamino hacia un edificio cercano que también sigue en pie, aunque no en su totalidad, ya que le falta la parte superior. No me atrevo a entrar, no sea que me caiga el cielo en la cabeza. No sé por qué me han entrado ganas de agarrar una piedra enorme y ahuevada, quitarla de en medio y asar un jabalí. Pero me lo quito de la cabeza, ya que la misión más importante en estos momentos es descubrir lo de las ventanas. Un par de calles más allá, descubro una casita que originalmente debía estar flanqueada por sendos edificios gigantes pero que ahora se halla rodeada de escombros. Me aventuro a empujar la puerta: está abierta. Como soy educado, grito un saludo en Ing, pero no me es devuelto. Además, mi voz queda amortiguada de una forma rara.

«Yo no sé si te olvidaste ya de mí. Probablemente.»

No sé qué ha empujado a la humanidad en la creencia de que determinado producto es la solución a todo, incluida la colonización extra-oriona. ¿Pues no están todas las ventanas cegadas con bloques de papel higiénico? Después de pasar largo rato en estado catatónico, he decidido volver a la biblioteca, cercana a la estación, y salir de aquella población en el siguiente tren. Al entrar por la puerta acristalada, llama mi atención un libro de lomo azul que sobresale de la montaña de libros desparramados por doquier. Es una edición en Ing del Ulises de Joyce. 

Aquí lo tengo conmigo, a pesar de faltarle alguna página.

«Fue tan poco tu cariño para mí.»

No sé si merece la pena que siga camino hacia el este. He deducido el motivo del caos en la biblioteca. Todo está relacionado con el papel de váter y la poca disponibilidad en los supermercados. 

Dios Snoopy, acoge a la especie orioniana en tu gloria, porque se merece la extinción. 

Seguiré informando.

«Pero no me pidas que te vaya yo a olvidar. Es imposible. Porque es más fácil que te vuelva yo a querer, a que te olvide.»

Ps. ¿Alguien puede quitarle el altavoz a la Dúrcal? Me tiene el tímpano perforado. Si por lo menos tuviera un poco de perejil a mano… Vaya cambio de registro de los extra-oriones. Al igual es un método de tortura psicológica en busca de la rendición. Lo que no entiendo es como aún no han notado que los orionianos ya tienen la psique jodida y no va a servir de nada.

 

Te quiero Silvy. 

Lauhra

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Ahora que…

Jeon Jin Hee – Breathing in april
Ahora que los campos ya son verdes y los mece el suave viento.
Ahora que la colza los tiñe de amarillo robándole el color al sol.
Ahora que los almendros ya perdieron su flor.
Ahora que el camino me regala en su margen las primeras amapolas.
Ahora que la retama, el tomillo y el romero perfuman el campo.
Ahora que los pámpanos de la vid enseñan tímidos su verdor 
y su tronco y sus brazos se retuercen, desperezándose, bajo el sol.
Ahora que el río canta y está frío.
Ahora que los días son más largos y las horas brillan más.
Ahora que los pasos no son los que nos llevan sino que son llevados 
y retumban en las piedras de las calles, entre casa y casa.
Ahora que la mesa huele a dulce y el pan a luto.
Ahora que no puedo contarte todo eso.
Ahora… abril.

Te quiero papa. Te quiero Silvy.

Lauhra

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